Nos queda algo más de un mes para el 20 N. Quizás sea la vertiginosa marcha atrás de esa efemérides, junto con el adelanto que hacen los del PP de esa votación, considerándose ya electos, lo que me hace ver cosas que ¡no pueden ser! No puede ser que un partido, el partido principal de la Oposición parlamentaria, como es el PP, sea premiado y promovido como partido de Gobierno, habiendo sido el peor partido de la Oposición de la era democrática española. Aún más, si no lo comparáramos con ningún otro partido, el PP ha hecho, por sí mismo, una oposición emocionalmente descontrolada, desleal no sólo con el Gobierno, sino con los españoles, antipatriótica con España, arrogante, maleducada y crispante. En realidad, el PP no ha hecho oposición parlamentaria, sino un obsesivo ataque “ad hominem” a la persona del Presidente del Gobierno y eso, no sólo después de la crisis, sino años antes de que ésta estallara, es decir, en la primera legislatura socialista. Cualquiera que haya seguido las sesiones de control al Gobierno, ha podido comprobar el innecesario veneno con que los diputados del PP, especialmente Soraya Sáenz de Santa María, Pío García Escudero y Mariano Rajoy Brey, untaban sus preguntas al Gobierno. Si a estos tres diputados, añadimos a María Dolores de Cospedal García y a Esteban González Pons, yo no dudo que nos encontramos ante los cinco diputados con mayor exhibición de cinismo, de provocación y de torpeza en todo el arco parlamentario, tres dentro y dos fuera del Parlamento. De los cinco, por orden de impresentabilidad política, qué duda cabe que ocupa el primer puesto el felino Esteban González Pons, luego el melifluo y obediente Pío García Escudero, seguido de la segunda oficial Dolores de Cospedal.
¡No puede ser! No puede ser que el candidato más valorado, Pérez Rubalcaba, pierda ante el candidato menos valorado, Rajoy Brey. ¿Qué es, pues, lo que votamos, una marca política dogmatizada o un candidato libre? Sabemos que los votos de la derecha son votos egoístamente fieles y los de la izquierda son tan libres que pueden ser hasta desleales con razón. ¡Si no, fíjense lo que pasó el 22 M!
¡No puede ser! No puede ser que cuando los abusadores y omnipotentes Mercados ordenan la derechización de Europa (¡ojo! que quedan por derechizar sólo España y Grecia…) haya alguien que crea que lo hacen por el bien común, cuando para ellos, el bien común es el menos común de todos los bienes; sí, sí, igual que el sentido común de toda la vida. El PP, en los casi ocho años de Oposición parlamentaria, no se ha apoyado en el sentido común y, por tanto, no ha pretendido ni conseguido el bien común. ¡No puede ser! No puede ser Presidente del Gobierno de España quien desde la hamaca de Peridis no ha usado el sentido común y ha enviado a sus secuaces a desvariar y a crispar. No puede ser que cometamos otra vez el tremendo error del pasado 22M. ¡No puede ser! No puede ser que los voraces epulones de los mercados, impenitentes ladrones de guante blanco, reciban el 20N un apoyo, aún mayor, de España. No puede ser que la ideología y la praxis de un partido de derecha sean elegidas para resolver una crisis creada por la ambición insaciable de los usureros, dueños del gran capital. Y si todos hemos podido comprobar que también la ideología y la praxis de izquierda han hecho indigna genuflexión ante el gran capital, sin embargo, es verdad históricamente comprobada que la izquierda frena más y mejor la voracidad del sistema capitalista que la derecha. No puede ser que los mercados, sostenidos por la derecha economicista, injusta e insolidaria, entren en España el 20N, no ya por la ventana; sino por la puerta principal y bajo palio. ¡Eso no puede ser! ¡Como tampoco puede ser que los y las candidatos del PP actúen, desde hace tiempo, como si ya se hubieran celebrado las elecciones y hubieran obtenido la mayoría absoluta! ¡No puede ser que se hipnotice y se manipule al pueblo soberano de esa forma tan burda!
Acabo refiriéndome a la falsa premisa desde la que partía el otro día un amigo del PP. Me dijo que su voto, en conciencia, sería para la derecha porque esa ideología está más cerca de su fe, como creyente cristiano. Y seguramente que esa razón es compartida por una inmensa mayoría de votantes. Sólo que esa razón esconde una gran falacia. Ser creyente cristiano no es sinónimo de ser creyente católico. El cristianismo auténtico y original, es decir, el nuevo Camino que Jesús de Nazareth propuso a la humanidad y por el que fue ejecutado por la cúpula política y religiosa, romana y judía, dejó de ser cristianismo cuando, por decisión de Constantino el Grande se convirtió en una religión de Estado, una religión de poder. El cristianismo de Jesús no es el catolicismo de los obispos monárquicos ni, posteriormente el de los papas. Si utilizamos, interpretándolos, términos modernos, Jesús fue un hombre claramente de izquierda, se enfrentó con la derecha religiosa, económica y política y fue asesinado por ella. A estas alturas de la llamada “era cristiana”, no es bueno seguir con tan serias y, a veces, alimentadas confusiones. ¡Eso, ni puede ni debe ser!
sábado, 8 de octubre de 2011
miércoles, 5 de octubre de 2011
DOBLE TRAICIÓN CATÓLICA (I)
La triple negación que Pedro, el pescador, hizo de Jesús de Nazareth, pasó a la historia como una señal de lo que podía ser posible entre los seguidores del maestro nazareno. Ese mismo día, su compañero, Judas Iscariote, se le había adelantado en la traición a Jesús camuflada en un beso. A partir de entonces, las traiciones dirigidas a Jesús desde las filas de sus falsos seguidores se han alternado con otras tantas heroicas fidelidades de sus auténticos fieles. A mi juicio, tras mucho estudiar, investigar, pensar y, sobre todo, observar desde dentro y desde fuera de la iglesia católica, contabilizo tres traiciones fundamentales entre los seguidores de Jesús de Nazareth. La primera traición es la institución del Papado. Ya antes de que Constantino el Grande (280-337 d.C) hiciera del cristianismo una religión de poder, crecía entre los seguidores de Jesús el ansia de ambición insaciable de los obispos sobre los ancianos y pastores (términos que eran intercambiables en el Nuevo Testamento), hasta que lograron imponer su máxima autoridad al estilo monárquico. Los obispos de Roma y de Constantinopla alzaron su preeminencia sobre los obispos de las otras tres grandes “diócesis”. Alejandría, Antioquia y Jerusalén. Simultáneamente crecía la polémica sobre cuál debía ser el “obispo primado”, el de Roma o el de Constantinopla. Olvidaron aquello de que “el que quiera ser el primero, que se ponga el último”, o lo otro: “no vine a ser servido, sino a servir”, o lo otro: “mi reino no es de este mundo”, o lo otro: “den al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios”… En cuestión de tres siglos los obispos de Roma lograron hacer creer, con engaño y a golpes de autoridad, (desde luego no a los constantinopolitanos, ni a los antioquenos, ni a los alejandrinos, ni a los jerosolimitanos) que Pedro, el pescador y apóstol de Jesús, había sido obispo de Roma, que Jesús lo había nombrado su Vicario y, que, por tanto, el actual obispo de Roma era el legítimo sucesor de Pedro, con máxima autoridad sobre el mundo cristiano. Los primeros obispos romanos responsables de esta gran farsa y traición fueron: Dámaso (366), Siricio (384), León I (440), Gregorio el Grande (590) y Bonifacio III (607). A partir de ahí, la traición quedó no sólo cometida; sino consolidada “per saecula saeculorum”, de manera que todos los Papas hasta el actual, que hace el número 265, siguen consumando esta gran traición al Maestro que dicen representar como Vicarios. Es mi total convicción, como la de los teólogos “libre pensadores”, que el Papado no sólo no fue instituido por el apóstol Pedro, ni mucho menos por Jesús de Nazareth; sino que, como tal institución, es absolutamente contraria al mensaje, a la vida y a la voluntad expresa del Maestro nazareno. Un Papa, “rex regum”, “imperator imperatorum”, Jefe de Estado, Monarca Absoluto, Summus Pontifex es simplemente imposible que sea, a la vez, Vicario de Cristo, de aquel Jesús que todos sabemos quién fue y cómo vivió. El Papado hiere mortalmente el mensaje cristiano de igualdad entre todos los seres humanos e hijos del único Padre Dios. Desde su institución aparecen apelativos católicos impensables en la mente de Jesús: Sumo Pontífice, Santo Padre, Eminentísimo Sr. Cardenal, Excelentísimo Sr. Obispo, Clero (segregado) y Laico (pueblo). El Papa, Monarca-Jefe de Estado y Sumo Pontífice, mezcla en su persona el poder mundano con el poder espiritual, lo cual es una traición a Jesús, cuyo reino no es de este mundo. Jesús rechazó radicalmente las desigualdades y las clases; el Papado, sin embargo, las reinstaura y las afianza, a pesar de que Jesús dijo que no se llamara a nadie maestro, ni padre, ni doctor. Como Nimrod de Babilonia o los Emperadores de Roma, y el Papado, imitando a ambos, unieron el poder político-económico y el religioso: Monarca-Jefe de Estado y Sumo Pontífice a la vez ¿No es esto traicionar a Jesús? ¿No es ésta una traición peor que la de Judas y la de Pedro? La teología vendrá luego a intentar fundamentar este gran delito de prevaricación, convirtiéndose en el alma de la rígida estructura de una religión.
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